Si pudieramos ver el milagro de una solo flor claramente, nuestra vida completa cambiaria
Buda Gautama
La tan esperada fecha llego, y Pilín nació el 7 de noviembre del 2018, a las 17:24hrs, pesó 3.19Kg y midió 50cm. A partir de ese 7 de noviembre, mi vida cambió, así como mis prioridades, actividades, pensamientos y tantas cosas que ahora giran alrededor de Pilín.
Su llegada me ha dado una gran oportunidad, una que me brinda vida y entre otras cosas el re-descubrirla a través de la inocencia y la fragilidad de esta pequeña, ver las cosas con ojos de niño nuevamente y razonar ante los eventos diarios de una forma simple y sencilla que sólo los niños tienen. Y sí, soy afortunado porque además de poder dedicarle tiempo (ya que mi trabajo me lo permite), tengo aún la salud y fuerza física necesaria para dedicarme a su atención y sobre todo tratar de ser su amigo y apoyarla en todo lo que esté a mi alcance. Ya comentaré sobre la situación física de este cuerpo de 60 años, pero eso será mas adelante, en otro tema. Creo que cuando Pilín crezca más, aún seré capaz de servirle de caballito.
En lo que lleva de vida, siento que he podido apoyar a los papás en muchas actividades; desde bañarla, cambiarla, prepararle su «bibi» o alimentos, y sobre todo, cuidarla cuando se enferma. Pero además, jugar al tú por tú y dejarla descubrir el mundo. Me siento orgulloso de que sus padres confíen en mí y tengan la apertura para pedirme que la cuide en su casa, en la nuestra, o que vaya por ella a la guardería. ¿Cómo me ha ido hasta ahora? Bueno, hoy que comienzo a escribir ya han pasado 16 meses desde su nacimiento y siento una gran responsabilidad, principalmente porque al no estar con ella el mismo tiempo que sus padres, tiene uno que poner a trabajar más los sentidos para entender los requerimientos o necesidades de Pilín. Siento que no ha sido difícil el cuidarla, más sí un poco de presión, pues no la quiero dejar ni un segundo sin atención, además que siento que tengo un “feeling” para entender a los pequeños, y eso lo descubrí desde que tuve a mis propios hijos. Y a lo de la presión, auméntenle que a cada rato me recuerdan que soy el “adulto responsable”.
Cuando Pilín tenia sólo unos meses y me tocaba cuidarla porque se enfermaba (y todos tenían que trabajar, incluso mi esposa) la presión era mayor pues entre los cambios de pañal, biberones, comidas, siestas y entretenimiento, a veces ni al baño tenía tiempo de ir. Pero eso es nada comparado con lo que recibo: alegría, ternura, amor y una emoción que hacía mucho que no sentía, ya que aún inmerso en las actividades diarias de los adultos, soy el feliz afortunado de compartir y recibir de esta pequeña criatura, su cariño, su mirada, ternura, sus quejas y las cosas que ella quiere compartir conmigo. Cuando se va a su casa, quedo en un estado de emoción y plenitud por haber tenido un instante en esta vida para compartir esas horas o minutos juntos.
Todos los días descubro algo nuevo en ese ser y veo como crece rapidísimo, día a día. La vida para mí ahora tiene otro significado y un nuevo motor que se llama Pilín. Y ella es para mí, como la flor de la frase al inicio de este blog.
Les dejo una canción que venia a mi mente en esos tiempos de su nacimiento y lo «adorable» que se me hacia y sigue siendo para mi. De Stevie Wonder, «Isn’t she lovely»

