No mueres cuando alguien te recuerda con cariño todos los días de su vida
El Abuelo

En mi vida diaria hay muchos momentos en los que recuerdo a mis abuelos y en especial a los paternos.
Por supuesto no tengo muchos detalles de cuando era pequeño, solo algunos que me platicaron o creo haberlos recordado y los más, cuando ya era un niño de unos 7 años en adelante. Pero antes de pasar a comentar sobre mi relación con mis abuelos paternos, déjenme comentar de quienes fueron mis abuelos por parte de padre y madre.
De mis abuelos maternos, Roberto Federico (1900-1969) y Gertrudis (1901- 1948), puedo comentar poco y mi relación también fue mínima. Mi abuela Gertrudis murió cuando mi madre tenia 16 años. Después mi abuelo Roberto, se volvió a casar y tuvo una hija y dos niños, el más chico de mi edad mas o menos. Esta situación creo fue la razón de que la relación solo fuera de verle en alguna fiesta familiar. Mi abuelo Roberto tuvo 12 nietos y yo fui el décimo nieto.

Mis abuelos paternos, fueron Juan (1895–1986) y Dolores (1912-2010). En total tuvieron 11 nietos y yo fui el segundo. Por muchos años fui el único nieto cercano ya que mis primos vivían en otra ciudad.

Mi abuelo Juan por lo que me platican, era de carácter fuerte, mas, conmigo siempre lo recuerdo de buen humor, salvo la primera vez que logré ganarle una partida de ajedrez.
Se que el amor que me brindaban en particular mi “mamá Lola” como le decíamos de cariño era muy especial. Y digo eso porque, en alguna ocasión, mi madre me platicó que cuando tendría entre dos y tres años, me dejó en casa de mis abuelos y al regresar por mi, cuando la vi llevándome un regalito, retrocedí hacia mi mamá Lola repitiendo “no quiero nada”. Me comentó mi madre que mamá Lola se veía apenada por mi reacción, mas mi madre en lugar de tristeza, le dio gusto ver que estaba contento y por supuesto recibiendo el cariño de mis abuelos. Mamá Lola, era una gran mujer, prudente, nunca se quejó de nada, ni del cansancio, ni de enfermedades, nunca la vi enojada, era excelente cocinera y no hacía distinciones entre sus nietos.
La mayoría de los fines de semana, íbamos a comer al campo (cuando aun existían áreas verdes no muy lejanas de la ciudad). Eran cosas sencillas, pero disfrutaba la compañía de la familia con los abuelos. En un Nash 47 que tenia mi padre, nos acomodábamos mis dos abuelos, mi bisabuela, el más chico de mis tíos, mis padres y yo.

De mis primeros años de vida, no tengo recuerdos aunque si se que pase muchos ratos felices en compañía de mamá Lola. De cuando adquiero consciencia, hay muchos recuerdos, como cuando me llevaba a jugar a la plaza del Expiatorio y al final a que escogiera pan dulce para cenar. La acompañaba a los mandados y siempre me compraba alguna cosa o carritos. Otro muy especial fue, para un 10 de mayo, el hijo más chico de mamá lola, le regaló unos tarros de vidrio. Un día le dije que me gustaban mucho. Después de esa vez, no los volví a ver, y nunca mas me acordé de ellos hasta que unos días antes de casarme, me mandó una caja de cartón muy bien amarrada con los tarros envueltos en periódico. Desde aquella ocasión que le comenté, los empacó y no los volvió a usar para que se conservaran para mi. Seguí creciendo y muchos momentos especiales y platicas continuaron.
Ahora que estoy yo del otro lado, siendo el abuelo me pregunto ¿Cómo eran los abuelos de antes comparados a los de hoy? En esta época en la que “no tenemos tiempo” que estamos embebidos con los celulares e internet, ¿eso hace diferentes a los nuevos abuelos? ¿eso cambia el trato y cariño con los nietos? ¿y si así fuera, de qué forma? No creo que a mi abuela le quedara tampoco mucho tiempo, pues además de preparar los alimentos, ir al mercado, atender los quehaceres de una casa, atender hijos y jugar con los nietos, estoy seguro que no le quedaba ni un minuto de respiro. Yo tuve la fortuna de contar con unos abuelos maravillosos, que llevo en mi corazón todos los días. Se de otros que fueron recios en su trato y algunos mas que no conviven con sus nietos por varias razones, mas creo que la mayoría de una u otra forma adoran a sus nietos, sea uno o sean veinte. He notado en reuniones como los nietos corren y abrazan a sus abuelos, hay algo en esa relación que tiende lazos directos y fuertes de amor y entendimiento. No creo que los echemos a perder cuando apoyamos esa etapa de “descubrir” y conocer el mundo evitando el peligro. Cuando cumplimos sus gustos, creo que es una manera de ser niños otra vez, y ponernos a su nivel, en especial para poder sentir esa emoción y esa sorpresa ante cosas simples de la vida, que hemos dejado como adultos de percibir. El que nos ofrezcan una sonrisa pura y real, es de las mayores alegrías y recompensas que un abuelo puede recibir. En los momentos de dolor o tristezas de los pequeños, uno sufre tanto o más que ellos, y buscamos a como de lugar encontrar una solución para reconfortarlos.
Considero que en gran porcentaje que los abuelos de estas épocas (en particular los hombres) somos diferentes a los que tuvimos los de mi generación, pues somos más dedicados a los nietos, queremos interactuar más y no nos da pena demostrar lo loco que nos ponen esos pequeños mocosos.
¿Pero es especial esa felicidad y cariño, que sentimos por los nietos? Antes, no sabría como contestar, hasta que un día, platicando telefónicamente con un tío que no tiene nietos, me preguntaba emocionado que le dijera cómo es esa felicidad y cariño a los nietos, ¿que si de verdad era un amor redoblado? Yo no entendía eso de redoblado y al sentir mi pausa y sorpresa, él mismo me comentó: sí, porque es el amor de los hijos y sumas el de los nietos. Gracias a él, ahora con palabras puedo expresar lo que siempre he sentido, un amor y felicidad redoblada por Pilin.

Mamá Lola vivió 98 años y en todo el tiempo que la tuvimos, continúe frecuentándola y recibiendo su cariño y consejos. En los últimos años, iba perdiendo su memoria. En esa época, cuando la visitaba, ya casi no hablaba, pero nos mirábamos y nos tomábamos de la mano y eso era suficiente. ¿Sería que sentía esos tiempos en los que le pedía, la mano para que me acompañara? ¿O que le estirara los brazos para que me abrazara, o que me sentara en sus piernas para arrullarme? Ahora se, que el mayor tiempo que uno pueda dedicarle a sus nietos cuando son dependientes, será el mejor tesoro que ambos puedan poseer para sus vidas, porque el abuelo atesorará esos momentos que le darán la fortaleza en la vejez y aquel niño en su camino por la vida, llevará ese cariño y amor redoblado de los abuelos como una fortaleza en su interior.